Frente al desafío de construir un turismo sostenible y diversificado, correr un par de olas nos puede inspirar…

Es sábado, estoy viendo el día de finales del campeonato de surf Lobos Por Siempre “La Celebración” a través de su transmisión de streaming en youtube, es un bello día, el nivel de los surfistas está tremendo, casi se siente ese indescriptible aire de mar a través de la pantalla y la imagen entre heats es la de una gaviota, tranquilamente acomodándose en su nido en una de las áreas protegidas dentro del Parque Punta de Lobos. Durante la transmisión del fin de semana, han pasado por la silla de entrevistados diversas personas, que van desde leyendas del surf chileno, autoridades, emprendedores, activistas ambientales… todos con un espíritu de celebración desde ese lugar tan especial. Cuesta creer que hubo un momento, hace no muchos años, donde la posibilidad que Punta de Lobos se transformara para siempre fue alta… muy alta. Que esto no ocurriera fue gracias a la visión de algunos que tomaron el liderazgo, que fueron capaces de movilizar y articular gente a través de un objetivo común: conservar un lugar único y frágil. No hay duda que el impacto que ha tenido esta historia de conservación es inmenso, no solo para el entorno más cercano a la punta y su ola, si no que también a Pichilemu, la región de O’Higgins y la imagen de Chile en general. Una de sus caras más reconocidas, el surfista y activista ambiental Ramón Navarro, ha sido reconocido internacionalmente por su compromiso con la conservación del borde costero y el caso de Punta de Lobos es un ejemplo a nivel mundial. Gracias a estos esfuerzos, Punta de Lobos pertenece a la lista de reservas mundiales de surf de Save The Waves Coalition y junto a sus partners locales, la fundación Rompientes, lograron un hito importante al lograr a través del santuario Piedra del Viento, franja entre las playas de Topocalma y Puertecillo, que la protección de las olas sean consideradas en la planificación del borde costero.

El caso de Punta de Lobos es un caso de éxito donde se alcanzó a llegar a tiempo, hay otros casos menos afortunados donde no se ha corrido con la misma suerte y las discusiones para proteger algunas zonas de alto valor han sido tardías. En estos momentos hay conversaciones que se están dando y se ha logrado una visión común entre actores dentro de una misma comunidad que por años les ha sido difícil llegar a acuerdos, como es el caso de los pescadores, diferentes vecinos y surfistas en relación al futuro del entorno de El Rincón de la Playa Puertecillo. Un actor muy relevante en la articulación de estos acuerdos ha sido el Club se Surf Puertecillo, otro ejemplo que a lo largo de nuestro país han sido surfistas quienes han liderado muchos de los casos la protección del borde costero.

Que para un surfista la conservación sea primordial es esperable, tienen una conexión especial con la naturaleza, son directamente sensibles a cualquier contaminación del borde costero, cualquier intervención que altere los flujos de arenas que cambie la forma en que rompen la olas les afecta y desde el mar tienen un ángulo privilegiado para apreciar los cambios que generan los desarrollos en tierra. Incluso, de alguna manera, le debemos al surf el que quizás ha sido el caso de conservación más emblemático para los chilenos, ya que fue en 1968 cuando Douglas Tompkins, junto a Yvone Chouniard y otros dos amigos, se embarcó en un surftrip con tablas y equipos de escalada a bordo, en un viaje de Alaska a Patagonia que les cambiaría la vida… y con esto la cultura de conservación de nuestro país y la del planeta… literalmente. Tampoco es casualidad que haya sido en la misma Punta de Lobos donde el 2017 la presidente Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley que prohibe la entrega de bolsas plásticas.

En mi opinión, nuestra cultura ambiental está mucho mejor que hace 15 o 10 años. No olvidemos que pre octubre 2019 estábamos preparándonos para recibir en nuestro país la COP y el presidente Piñera era reconocido por estar liderando iniciativas ambientales en la región. Lamentablemente algunas causas ambientalistas han sido apuntadas con el dedo como generadores de “permisología”, se les atribuye el trabar proyectos y se les utiliza para enmascarar procesos que carecen de agilidad y claridad. No tengo dudas que la cultura ambientalista se contagia, se transmite a través de experiencias e inspiración. El caso de Punta de Lobos es un ejemplo claro de esto, solo basta con ir a ver el espectáculo desde el mirador, vivir el entorno y luego escuchar alguna charla de alguno de los referentes del parque. Quien vive esa experiencia se trae no solo ese sueño de ser un surfista corriendo una ola enorme pasando los morros sino también la promesa de proteger el medio ambiente … porque Ramón lo haría. Aun nos queda por avanzar, aun no llegamos a que una cultura ambientalista sea un sello país como el caso de Nueva Zelanda, quienes también a través del surf han sido capaces de potenciar este sello, como ejemplo lo que han hecho en Raglan y el desarrollo de Manu Bay, lugares como Piha o la Surf Highway 45 en Taranaki por mencionar algunos.

El cuidado del patrimonio del surf no solo tiene impactos en cuanto a la conservación del territorio, sino también al valor económico de estos. Hay muchos lugares en el mundo que deben su desarrollo en gran parte al hecho de contar con una ola de calidad cerca, casos icónicos son Malibu o Rincón en California, donde ha sido demostrado a través de diferentes estudios el impacto positivo que tienen estas en la valorización de las zonas. Estos impactos positivos se deben en parte a que tienden a ser lugares mejor protegidos por lo mencionado anteriormente junto con el estilo de vida asociado al surf, donde no es necesario entrar al agua para apreciar la belleza del arte de correr olas.

Existen casos donde el surf ha sido parte fundamental del desarrollo del turismo de los países, como es el ejemplo de Indonesia o donde derechamente es parte de la estrategia de promoción del país como es el caso más cercano de El Salvador. La forma en que estos desarrollos se van dando en torno al surf han sido diversos y debemos aprender de las experiencias que se han dado alrededor del mundo. Tomemos el ejemplo de Indonesia, donde sin una planificación clara vemos extremos no deseables como el descontrolado turismo masivo de surf de Bali contrastando con proyectos con foco en conservación como Nihi, ranqueado en más de una ocasión como el mejor hotel del mundo por los lectores de T+L, atrayendo así turistas de más alto valor. Y cuando hablo de valor, no me refiero solo a KPIs numéricos como el nivel de divisas diarios que deja cada uno, si no también a la cultura ambientalista de los visitantes, donde en el desafío actual de lograr generar desarrollos de turismo sostenible el perfil del turista que atraemos es clave.

Frente al constante desafío que tenemos de diversificación de zonas turísticas en nuestro país, el surf puede ayudarnos a encontrar algunas respuestas a través de desarrollos sostenibles. Desde el extremo norte, con Iquique y sus arrecifes urbanos aptos para el surf de clase mundial, interminables kilómetros de desierto bañados por el océano pacífico, a la zona centro sur, donde el desarrollo de zonas turísticas asociadas al surf pueden ser un complemento perfecto a los circuitos de enoturismo, potenciándolos en conjunto tal como lo hace el gobierno de Western Australia, Chile cuenta con miles de kilómetros de oportunidades donde el patrimonio de olas con que contamos puede ser clave.

Los ojos del mundo ya están puestos en Chile a través del surf, este fin de semana no solo se estaba transmitiendo el campeonato local en Punta de Lobos, sino también se estaba llevando a cabo una fecha del circuito mundial en la desafiante ola El Gringo en Arica y en noviembre tendremos otra fecha, esta vez en la ola La Punta de Iquique, ambos eventos transmitidos a todo el mundo a través de las diferentes plataformas de la World Surf League. Hoy tenemos una Federación Chilena de Surf muy activa, proponiendo un circuito nacional renovado a lo largo de Chile de una manera muy coordinada, donde el aporte de la empresa privada y el apoyo de los gobiernos regionales es clave.

Desde la industria del turismo debemos ver esta ola que viene y tenemos la oportunidad de agarrarla, surfearla y disfrutarla, involucrándonos e identificando este arte como una verdadera oportunidad de desarrollo sostenible…. o podemos dejarla pasar, sin saber si ese set va a volver antes que se ponga el sol detrás del horizonte

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